domingo, 24 de octubre de 2010

Obertura.



Llena de miedo, camino. Llena de fe, despierto. Llena de ti, vivo.
Estoy sentada y me duelen los tobillos. Tengo a su mama a 3 metros y me toco el asiento numero 22. Dime que no es destino que tu presencia me rodee? Bah, no creo en el destino.
Suenan los violines y me doy cuenta que estoy en un concierto. Siento que la sala se me viene encima. Te pienso en mi y sonrío. Estoy tan llena de tu recuerdo, de tu adiós. Estas tan en mi... Adaggio, bajan los humos en el escenario y se calma. Allegro, parezco yo gritando alguna que otra mentira y cansando tus sentidos. El pelo de la chelista se mueve y hay una contrabajista igualita a Isabella.
Sube el volumen, acelera el tempo y me doy cuenta que esto que escribo es una mierda. Luego también veo que me quedo sola, que la sala esta vacía y que solo quedo yo y un rastro de tu presencia.
Cierro los ojos y te veo de nuevo en mi cama. Los abro y solo te veo ir. Si despierto no hay mundo y no hay tu. De nuevo, cierro los ojos; lleno mi cuarto de gritos y tu llenas de besos mi espalda y de amor mis piernas. Los abro y te vas. Los cierro, quedate. No veo a la chelista, no veo a nadie; veo tu risa reposando en mi abdomen. De vuelta los abro y no estas. No puedo, esta todo vacio... Volvi y no estas tu.
Cae la musica y se calma la chelista. Suena el viento. Tu risa se esfuma. Mis tobillos vuelven a doler.
Estan en la coda, como nosotros estamos en una permanente. Queriendo terminar el concierto pero sin siquiera, soltar el arco y dejar el violin en la silla. Nosotros seguimos tocando hasta que no haya pentagramas llenos de notas. Seguimos tocando hasta que dejemos de gritar.
Tocaremos, hasta salir de la sala.